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Pasemos a continuación a la SV 28 (GV XXVIII) que sostiene:
“Ni a los precipitados ni a los indecisos se los ha de considerar aptos para la amistad, ya que también por gratitud a la amistad es necesario arriesgarse ”
Aunque Jean Bollack , al comentar esta sentencia, compara el temple de la amistad epicúrea con el amor motriz del Phaídros platónico, pues ambos superan cualquier interés egoísta, e implican riesgo y requieren ser oportunos, el consejo parece indicar que la amistad es un compromiso a prueba, semejante a un enlace atómico o un sistema físico, con cierta fragilidad; ella, indefectiblemente, enfrenta riesgos y el principal es el dolor que produce cualquier posible daño de un amigo. El más hermoso afecto de los humanos es, entonces, fuente de riesgo y vulnerabilidad; precisamente por el logro de una simpatía (sympatheîn), la philía nos recuerda que lo vital y placentero, aun en sus formas más bellas, está signado por la fragilidad y la finitud. Por otro lado, los excesos de riesgo y de incomunicación alteran la disposición a la amistad y la dañan. Epíkouros nos sugiere que es preciso conservarla y valorarla en su medida (siendo sensatamente selectivos en la elección de nuestros amigos).
En resumidas cuentas, la amistad es, conforme a los términos epicúreos, una relación orientada a la constancia, nutrida por la mutua responsabilidad, cuya prueba reside en la resuelta exposición al extremo peligro, como señal del temple de gratitud y coraje en pro del amigo o de la amiga (cf. D. L., X, 121 b). Por consiguiente, la ansiedad de la precipitación o la vacilación jamás le es propia.
Después de la G.V. XXVIII (SV 28), se encuentran dos fragmentos en directa relación con ella. Corresponden a las SV 34 y 39. A continuación, las examinaremos:
SV 34: “No obtenemos tanta utilidad de la utilidad proveniente de los amigos, como de la confianza con respecto a esa utilidad”
Hermoso apotegma que pone de relieve el efecto central de la amistad. A partir de ella, adquirimos la utilidad de la confianza como producto de una creciente confianza en la utilidad que comporta la constante y favorable disposición del amigo. La prueba de fidelidad por el comportamiento del amigo constituye una sólida base afectiva que permite consolidar un vínculo y fiarse del trato, en vistas al futuro, de acuerdo con lo que ya ha habituado ser la benévola relación de amistad. Precisamente, Epíkouros subraya en la génesis de la más exquisita confianza (pístis) el gradual reconocimiento de la afección ligada a la philía. La consecución de la amistad –tês philías ktêsis- (entendida como un bien que se alcanza en propiedad) implica una utilidad (khreía) que no se restringe a un objeto comerciable o, al menos, reemplazable, sino que se trata de la utilidad que procura la arraigada certeza de la benéfica disposición de aquél o aquella con quien se tiene notoria afinidad de ánimo (homonooúses).
De esta manera, ocurre que mientras la utilidad tiene, en un justo uso de las relaciones sociales, un contenido esencialmente negativo (definido por el contrato de no dañar ni ser dañado, cf. SV 6 (G.V. VI) y las MC 31-33 (KD XXXI-XXXIII), el vínculo amigable está positivamente distinguido por la utilidad que cabe esperar fundadamente de la amiga o el amigo, en virtud de una sólida promoción del favor, la compañía y la práctica continua de un fidedigno trato de contención afectiva. La confianza es, pues, el temple característico de la amistad, riqueza que concede la plácida seguridad que se realiza, en la medida que se disfruta junto a seres semejantes, libremente elegidos, en el límite de la plenitud de la vida.
A su vez, la SV 39 enuncia:
“No es amigo aquél que busca en todo su utilidad, ni aquél que jamás la liga a la amistad: pues el primero comercia con el intercambio de favores, mientras el otro arranca de raíz la benéfica esperanza ante el futuro ”.
Por cierto las traducciones que se adoptan para la sentencia del Gnomologium XXXIX (Sentencia Vaticana 39) se sostienen muchas veces sobre el abuso significativo de la palabra khreía. Así, por ejemplo, Festugière interpreta la khreía como interés, y morigera, de ese modo, su ostensible materialidad (Festugière, p. 59). Arrighetti, por su parte, atenúa la dureza de un análisis literal traduciendo χάρις (kháris) por la disposición de reconocimiento. A ese respecto, el R. P. Festugière comenta: el filósofo de Sámos opone la amistad de mero interés y la amistad desprovista de interés: la segunda no es menos dañina, pues la amistad exige que el interés coincida en los amigos (p. 59, n. I). La contradicción parece total. Según esa explicación, lo que ocurre es que Epíkouros destaca que suele no verse el posible término medio (una constante cesión de uno y otro a equilibrar sus intereses) . En cambio, al dar a χρεία (khreía) su sentido habitual, se llega a un resultado diferente y más sutil: quien exige poner en acto la utilidad en todo momento no corresponde a un amigo. Tampoco lo es quien jamás permite el intercambio (manteniéndose siempre sin realizar la utilidad). El primero, pues, por los continuos favores que reclama, sólo hace trueques en su provecho, bajo el glorioso nombre de la amistad; entretanto el otro, con su negligencia, erradica cualquier posibilidad de confianza (para bien del amigo) respecto al futuro. De tal modo, esta máxima está en estrechísima conexión con la SV 28 (G.V. XXVIII).
Otro punto que quisiéramos, en especial, poner de relieve es un aspecto relevante para el temple promovido por la ética epicúrea: se destaca que el reverso de la gratitud (kháris) es la buena esperanza respecto al futuro (tèn perí toû méllontos euelpistían) . Juntas tonifican la memoria, contribuyendo en cada individuo a la serenidad (ataraxía), el valor (tharreîn) y la ausencia de miedo (aphobía).
De esta manera, ocurre que mientras la utilidad tiene, en un justo uso de las relaciones sociales, un contenido esencialmente negativo (definido por el contrato de no dañar ni ser dañado, cf. SV 6 (G.V. VI) y las MC 31-33 (KD XXXI-XXXIII), el vínculo amigable está positivamente distinguido por la utilidad que cabe esperar fundadamente de la amiga o el amigo, en virtud de una sólida promoción del favor, la compañía y la práctica continua de un fidedigno trato de contención afectiva. La confianza es, pues, el temple característico de la amistad, riqueza que concede la plácida seguridad que se realiza, en la medida que se disfruta junto a seres semejantes, libremente elegidos, en el límite de la plenitud de la vida.
A su vez, la SV 39 enuncia:
“No es amigo aquél que busca en todo su utilidad, ni aquél que jamás la liga a la amistad: pues el primero comercia con el intercambio de favores, mientras el otro arranca de raíz la benéfica esperanza ante el futuro ”.
Por cierto las traducciones que se adoptan para la sentencia del Gnomologium XXXIX (Sentencia Vaticana 39) se sostienen muchas veces sobre el abuso significativo de la palabra khreía. Así, por ejemplo, Festugière interpreta la khreía como interés, y morigera, de ese modo, su ostensible materialidad (Festugière, p. 59). Arrighetti, por su parte, atenúa la dureza de un análisis literal traduciendo χάρις (kháris) por la disposición de reconocimiento. A ese respecto, el R. P. Festugière comenta: el filósofo de Sámos opone la amistad de mero interés y la amistad desprovista de interés: la segunda no es menos dañina, pues la amistad exige que el interés coincida en los amigos (p. 59, n. I). La contradicción parece total. Según esa explicación, lo que ocurre es que Epíkouros destaca que suele no verse el posible término medio (una constante cesión de uno y otro a equilibrar sus intereses) . En cambio, al dar a χρεία (khreía) su sentido habitual, se llega a un resultado diferente y más sutil: quien exige poner en acto la utilidad en todo momento no corresponde a un amigo. Tampoco lo es quien jamás permite el intercambio (manteniéndose siempre sin realizar la utilidad). El primero, pues, por los continuos favores que reclama, sólo hace trueques en su provecho, bajo el glorioso nombre de la amistad; entretanto el otro, con su negligencia, erradica cualquier posibilidad de confianza (para bien del amigo) respecto al futuro. De tal modo, esta máxima está en estrechísima conexión con la SV 28 (G.V. XXVIII).
Otro punto que quisiéramos, en especial, poner de relieve es un aspecto relevante para el temple promovido por la ética epicúrea: se destaca que el reverso de la gratitud (kháris) es la buena esperanza respecto al futuro (tèn perí toû méllontos euelpistían) . Juntas tonifican la memoria, contribuyendo en cada individuo a la serenidad (ataraxía), el valor (tharreîn) y la ausencia de miedo (aphobía).
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on 01 abril 2009
at 21:20
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