De Marcel Conche: Sobre Epíkouros.
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Marcel Conche ha dicho : « lo absoluto, para mí, es la naturaleza (L'absolu pour moi, c'est la nature). La noción de materia me parece insuficiente. Ella, desde el comienzo, fue elaborada por idealistas y es fuera del idealismo donde hago mi camino (La notion de matière me paraît insuffisante. Elle a d'ailleurs été élaborée par les idéalistes et c'est hors de l'idéalisme que je trouve ma voie). Es muy difícil pensar la creatividad de la materia (Il est très difficile de penser la créativité de la matière).
Marcel Conche ha dicho : « lo absoluto, para mí, es la naturaleza (L'absolu pour moi, c'est la nature). La noción de materia me parece insuficiente. Ella, desde el comienzo, fue elaborada por idealistas y es fuera del idealismo donde hago mi camino (La notion de matière me paraît insuffisante. Elle a d'ailleurs été élaborée par les idéalistes et c'est hors de l'idéalisme que je trouve ma voie). Es muy difícil pensar la creatividad de la materia (Il est très difficile de penser la créativité de la matière).
Por otra parte, Epíkouros ha mostrado la necesidad de que hubiera una genialidad de la naturaleza sin la cual nada se habría creado (Or Epicure a bien montré qu'il fallait qu'il y ait une génialité de la nature sans laquelle elle n'aurait rien créé). El amarillo de la forsitia (o campanitas chinas) no estaba presente en la tierra. Ese amarillo, esa cualidad, ha surgido (Le jaune du forsythia n'était pas présent dans le terreau. Ce jaune, cette qualité, a surgi). Si en los hechos, no hubiera nada sino causa, la naturaleza sería una absoluta monotonía (Si, dans les faits, il n'y avait rien de plus que la cause, la nature serait d'une absolue monotonie). La causalidad no es una simple repetición, es una innovación (La causalité n'est pas une simple répétition, c'est une innovation). Así, Epíkouros ha imaginado esta especie de travesura del átomo (Ainsi, Epicure a imaginé cette espèce d'espièglerie de l'atome).
He descubierto la naturaleza como phýsis (totalidad) con Anaximandro, el primer filósofo de la naturaleza pensada como infinito (ápeiron), el origen de todo, debido a una infinita capacidad creativa (J'ai découvert la nature comme physis (totalité) avec Anaximandre, le premier philosophe de la nature la pensant comme infini (apeiron), comme étant l'origine de toute chose, douée d'une capacité de créativité indéfinie). La naturaleza no es comprensible como encadenamiento o concatenación de causas, sino como improvisación ; ella es poética. Creativa, ella debe ser pensada poéticamente –es lo que bien vio Bergson, el filósofo moderno más de acuerdo con los filósofos naturalistas anteriores a Sócrates (La nature est à comprendre non comme enchaînement ou concaténation de causes, mais comme improvisation ; elle est poète. Créatrice, elle doit être pensée poétiquement – ce qu'a très bien vu Bergson, le philosophe moderne le plus en phase avec les philosophes naturalistes d'avant Socrate). El hombre es una producción de la naturaleza y la naturaleza se rebasa en el hombre (L'homme est une production de la nature et la nature se dépasse elle-même dans l'homme). Al proponer atisbos de la naturaleza que se complementan, los presocráticos son de hecho diferentes a los filósofos de la época moderna, los cuales construyen sistemas que se destruyen (unos a otros) (En donnant des aperçus sur la nature qui se complètent, les présocratiques sont tout à fait différents des philosophes de l'époque moderne qui, eux, construisent des systèmes qui s'annulent). Parménides nos revela el ser eterno ; Heráclito, el devenir eterno ; Empédocles, los ciclos eternos ; hay una complementariedad entre ellos. (Parménide nous révèle l'être éternel, Héraclite, le devenir éternel, Empédocle, les cycles éternels. Il y a une complémentarité entre eux). De la misma manera, los poetas se complementan (De la même façon, les poètes se complètent). La phýsis griega no se opone a otra cosa que a ella misma ; tal es el sentido de la oposición moderna de la naturaleza a la historia, el espíritu, la cultura, la libertad (La physis grecque ne s'oppose pas à autre chose qu'elle-même, alors qu'au sens moderne la nature s'oppose à l'histoire, à l'esprit, à la culture, à la liberté). La phýsis es omnicomprensiva (La physis est omni-englobante).
Nota I: hay también un conjunto de atisbos de Epíkouros que complementan intuiciones de Demócrito y de Aristóteles.
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Hay un ánimo pacifista entre los epicúreos que es recuperado por Marcel Conche.
El dijo: “yo no adhiero a alguna guerra, cualquiera que sea. No caigo en eso de pensar que puede haber una guerra justa. Los inocentes no comprenderán que haya bombas justas entre las que caigan sobre ellos. Mi posición está dada por abolir cualquier diferencia entre bombas justas e injustas. Las bombas que caen sobre inocentes nunca son justificables”.
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Nota I: Atisbos complementarios propuestos por Epíkouros:
La phýsis, devenir infinito; jamás es totalizada o englobada: sucede como constante diferenciación, impredecible variación. Cada punctum de eternidad (presente) es punctum minimum de diversificación. Basta siempre lo mínimo para que la phýsis se recree, pues en lo infinito, infinitas son las posibilidades de renovación.
Infinitud; autonomía (que se basta a sí misma); rebrote (phýsis); sin principio exterior, sin fin; realidades plurales e indestructibles; variante infinita de posiciones; falta de regulación exterior para las realidades –átomos-: aventura o travesura atómica. Nada exterior o ajeno;
Composiciones; agregación y disgregación de átomos; reposición; espacio inmaterial sin roce; pluralidad y variedad de cuerpos (insensibles y sensibles).
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Nota I: Epíkouros ofrece una metafísica abierta, no totalizada.
Sus vocablos constituyen un mínimo de determinación. De ahí la relevancia de su “nominalismo”.
Epíkouros nunca identifico la felicidad (eudaimonía) con una totalización: siempre habrá posibles excepciones. Se trataba de dejar lugar a una constancia bastante. No persiguió a la masa, ni puso su fe en la filosofía; sino en relaciones de afecto y en la continua operación de abastecerse de seguridad suficiente. Filosofar es esfuerzo de autoabastecimiento de placer. Sólo como contingentes efectos surgirán: felicidad, libertad, comunidad, amor… El fin epicúreo era modesto en comparación con los habituales cometidos metafísicos: hacer lo propio para obtener tranquilidad en lo presente. Cada presente es, de suyo, satisfacción, plenitud, inmanencia, infinito. Cada presente es “simulacro de lo eterno”.
Cada presente de felicidad es revelación de la phýsis, y, desde un punto de vista sensual, es: lucidez respecto a lo eterno e inmanente.
Nota I: hay también un conjunto de atisbos de Epíkouros que complementan intuiciones de Demócrito y de Aristóteles.
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Hay un ánimo pacifista entre los epicúreos que es recuperado por Marcel Conche.
El dijo: “yo no adhiero a alguna guerra, cualquiera que sea. No caigo en eso de pensar que puede haber una guerra justa. Los inocentes no comprenderán que haya bombas justas entre las que caigan sobre ellos. Mi posición está dada por abolir cualquier diferencia entre bombas justas e injustas. Las bombas que caen sobre inocentes nunca son justificables”.
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Nota I: Atisbos complementarios propuestos por Epíkouros:
La phýsis, devenir infinito; jamás es totalizada o englobada: sucede como constante diferenciación, impredecible variación. Cada punctum de eternidad (presente) es punctum minimum de diversificación. Basta siempre lo mínimo para que la phýsis se recree, pues en lo infinito, infinitas son las posibilidades de renovación.
Infinitud; autonomía (que se basta a sí misma); rebrote (phýsis); sin principio exterior, sin fin; realidades plurales e indestructibles; variante infinita de posiciones; falta de regulación exterior para las realidades –átomos-: aventura o travesura atómica. Nada exterior o ajeno;
Composiciones; agregación y disgregación de átomos; reposición; espacio inmaterial sin roce; pluralidad y variedad de cuerpos (insensibles y sensibles).
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Nota I: Epíkouros ofrece una metafísica abierta, no totalizada.
Sus vocablos constituyen un mínimo de determinación. De ahí la relevancia de su “nominalismo”.
Epíkouros nunca identifico la felicidad (eudaimonía) con una totalización: siempre habrá posibles excepciones. Se trataba de dejar lugar a una constancia bastante. No persiguió a la masa, ni puso su fe en la filosofía; sino en relaciones de afecto y en la continua operación de abastecerse de seguridad suficiente. Filosofar es esfuerzo de autoabastecimiento de placer. Sólo como contingentes efectos surgirán: felicidad, libertad, comunidad, amor… El fin epicúreo era modesto en comparación con los habituales cometidos metafísicos: hacer lo propio para obtener tranquilidad en lo presente. Cada presente es, de suyo, satisfacción, plenitud, inmanencia, infinito. Cada presente es “simulacro de lo eterno”.
Cada presente de felicidad es revelación de la phýsis, y, desde un punto de vista sensual, es: lucidez respecto a lo eterno e inmanente.
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Durante largo tiempo, he sido sensible al carácter finito de las cosas. Eso es algo que remarca una interpretación nueva del pirronismo (el cual sí influyó sobre Epíkouros). El escepticismo de Pirrón consiste en declarar que no podemos conocer el fondo de las cosas, no conocemos lo que son las cosas, sino cómo aparecen en relación a nosotros. No somos capaces de atestiguar lo que la miel es, aunque sí que ella nos parece dulce. Esa oposición entre el ser y la apariencia, entre « ser » y « parecer », oposición central en la metafísica aristotélica, es lo que es abolido por Pirrón.
Así se puede entender lo que significan frases como: “la muerte nada es en relación a nosotros” (se trata de pasar mi muerte por el tamiz o criterio del modo en que percibo directamente el objeto: mi muerte es lo no perceptible, por definición: nada). Así también podría juzgarse hoy que mi muerte es lo que no puede ser descrito fenomenológicamente por mí. Lo que rompe con el campo fenoménico que está a mi alcance.
No se trata de buscar un consuelo ante la muerte, sino de delimitar adecuadamente el ámbito de lo perceptible.
Por otra parte, una frase como “de hecho, hay dioses” permite la siguiente interpretación: hay algo a lo que se nombra “dioses”, imágenes que aparecen a mi imaginación. El punto es que tales imágenes, para ser reconocibles, han de contar con atributos exclusivos e indispensables: ser de manera perfecta e inmortal. En el marco de la doctrina física, la única posibilidad de que haya algo así corresponde a cuerpos sutilísimos, restaurables a cada instante; esto es, sin pérdida de átomos. Los mismos serían antropoides, modelos de felicidad, e inmortales. Epíkouros permite pasar por el tamiz gnoseológico a los dioses, pero fundamentalmente como “imágenes serenadoras” y “modelos de ser”. El efecto útil y benéfico de que haya dioses es que la conmemoración de ellos, la piedad o conmemoración, reporta placer a quien los celebra.
Nota I: para la doctrina física de los compañeros epicúreos, lo que es compuesto de átomos y es manifiesto a los sentidos humanos, tò ádelon, suele ser finito. La excepción de los dioses se da por el intento epicúreo de no cerrar la posibilidad de que haya seres venerables que sirvan como modelo de ser. Tales serán los dioses (fundamentalmente) y los hombres sabios (secundariamente).
Nota II: Desde Pirrón, justamente, es preciso considerar todo lo que es desde un enfoque fenomenológico.
El ser se evidencia en fenómenos. No hay un ser oculto fuera de ellos. Para los epicúreos sí hay týpos (forma material reconocible) y aprehensión que anticipa el nombre (prólepsis). Para que no erremos en la captación de ambos, es necesario discernir los datos sensibles y mantener el núcleo que delimita cada nombre.
En tal sentido, hay “muerte” observable, cuando ésta acontece a otro; ella es (atestiguada) cesación de sensibilidad; lo cual no puede suceder respecto a una muerte que se refiriera al propio ser que atestigua. La muerte es necesariamente lo que ocurre a otros.
Así se puede entender lo que significan frases como: “la muerte nada es en relación a nosotros” (se trata de pasar mi muerte por el tamiz o criterio del modo en que percibo directamente el objeto: mi muerte es lo no perceptible, por definición: nada). Así también podría juzgarse hoy que mi muerte es lo que no puede ser descrito fenomenológicamente por mí. Lo que rompe con el campo fenoménico que está a mi alcance.
No se trata de buscar un consuelo ante la muerte, sino de delimitar adecuadamente el ámbito de lo perceptible.
Por otra parte, una frase como “de hecho, hay dioses” permite la siguiente interpretación: hay algo a lo que se nombra “dioses”, imágenes que aparecen a mi imaginación. El punto es que tales imágenes, para ser reconocibles, han de contar con atributos exclusivos e indispensables: ser de manera perfecta e inmortal. En el marco de la doctrina física, la única posibilidad de que haya algo así corresponde a cuerpos sutilísimos, restaurables a cada instante; esto es, sin pérdida de átomos. Los mismos serían antropoides, modelos de felicidad, e inmortales. Epíkouros permite pasar por el tamiz gnoseológico a los dioses, pero fundamentalmente como “imágenes serenadoras” y “modelos de ser”. El efecto útil y benéfico de que haya dioses es que la conmemoración de ellos, la piedad o conmemoración, reporta placer a quien los celebra.
Nota I: para la doctrina física de los compañeros epicúreos, lo que es compuesto de átomos y es manifiesto a los sentidos humanos, tò ádelon, suele ser finito. La excepción de los dioses se da por el intento epicúreo de no cerrar la posibilidad de que haya seres venerables que sirvan como modelo de ser. Tales serán los dioses (fundamentalmente) y los hombres sabios (secundariamente).
Nota II: Desde Pirrón, justamente, es preciso considerar todo lo que es desde un enfoque fenomenológico.
El ser se evidencia en fenómenos. No hay un ser oculto fuera de ellos. Para los epicúreos sí hay týpos (forma material reconocible) y aprehensión que anticipa el nombre (prólepsis). Para que no erremos en la captación de ambos, es necesario discernir los datos sensibles y mantener el núcleo que delimita cada nombre.
En tal sentido, hay “muerte” observable, cuando ésta acontece a otro; ella es (atestiguada) cesación de sensibilidad; lo cual no puede suceder respecto a una muerte que se refiriera al propio ser que atestigua. La muerte es necesariamente lo que ocurre a otros.
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on 12 abril 2009
at 8:16
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