Extra (aún por corregir):
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Epíkouros, el philósophos, al componer su obra, ha trazado en sus escritos: principios, términos, esquemas.
El antiguo vocablo skhêma alude a una imagen, e indica, en su origen, un producto de uso común entre alfareros: algo a lo que se da forma, algo que se utiliza para albergar contenidos: continente, vasija sin fisuras.
Hay un esquema que vincula a Epíkouros y los epicúreos. Un modo en que con los años, se conforma la doctrina, el cual sigue el modelo del esquema. Skhêma es también: actitud, carácter, trazo. El pensamiento es un continuo trazado entre maestros y discípulos (Metródoros, Políainos, Kolótes, Zénon, entre tantos).
Hay esquemas –skhémata- que articulan a quienes comparten el modelo basado en el encuentro entre philía (amistad) y sophía (sabiduría); algo que es común a algunos títulos entre los escritos (syngrámmata) de Epíkouros aparecidos en el catálogo que ofrece Diogénes: perì mousikês (de la música), perí phýseos (del nacimiento), perì érotos (del deseo erótico), sympósion (convite), perì toû horân (de la vista), perì haphês (del tacto), perì phantasías (de las ilusiones), perì basileías (del gobierno), perì hosiótetos (de la piedad), perí nóson kaì thanátou (sobre enfermedades y muerte), prognostikón (pronóstico).
Títulos que anticipan los temas fundamentales en las obras de Philódemos y Titus Lucretius Carus. Rastros que se trazan. Vueltos hacia un mismo esquema. Trazan los amigos una misma tradición, por la memoria (mnéme) que es capaz de trascender la muerte (thánatos), tal como si sus experiencias fueran grabadas en una única y prolongada lámina de papiro. Cortes que se separan. Fragmentos de una misma planta, el pápyros. Pueden volver a unirse o colectarse.
Tal como la nuclear madera de un tronco, la materia, base del denominado “materialismo”, hace de él una doctrina de trazos circunscritos. En el centro de ella, un esquema. Conducirse por él es volverse “epicúreo”.
Volúmenes, tanto del maestro como de sus discípulos. Trazos como anillos de una misma corteza de árbol. Los anillos son vínculos concéntricos, vestigios del afecto y la investigación. Los dogmas datan de distintas épocas, tal como esos anillos que atiende el estudio de la dendrocronología. Sin embargo, hay un solo centro en el déndros, arcaico árbol en común, una diacrónica philosophía, la cual es única.
Epíkouros apunta al centro de su filosofía, cuando, en GV LII, exhorta a celebrar (hegeíresthai) una experiencia compartida: cada cual, alegremente, se involucra (perikhoreúei) en aquella congregación discipular (oikouméne). A eso es lo que llama philía.
La amistad, en el sentido de philía epicúrea: la acción por la cual se logra comunidad (koinonía) en la confianza (pístis) y que agradece (khaireî) a sus diversos componentes.
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Epíkouros, el philósophos, al componer su obra, ha trazado en sus escritos: principios, términos, esquemas.
El antiguo vocablo skhêma alude a una imagen, e indica, en su origen, un producto de uso común entre alfareros: algo a lo que se da forma, algo que se utiliza para albergar contenidos: continente, vasija sin fisuras.
Hay un esquema que vincula a Epíkouros y los epicúreos. Un modo en que con los años, se conforma la doctrina, el cual sigue el modelo del esquema. Skhêma es también: actitud, carácter, trazo. El pensamiento es un continuo trazado entre maestros y discípulos (Metródoros, Políainos, Kolótes, Zénon, entre tantos).
Hay esquemas –skhémata- que articulan a quienes comparten el modelo basado en el encuentro entre philía (amistad) y sophía (sabiduría); algo que es común a algunos títulos entre los escritos (syngrámmata) de Epíkouros aparecidos en el catálogo que ofrece Diogénes: perì mousikês (de la música), perí phýseos (del nacimiento), perì érotos (del deseo erótico), sympósion (convite), perì toû horân (de la vista), perì haphês (del tacto), perì phantasías (de las ilusiones), perì basileías (del gobierno), perì hosiótetos (de la piedad), perí nóson kaì thanátou (sobre enfermedades y muerte), prognostikón (pronóstico).
Títulos que anticipan los temas fundamentales en las obras de Philódemos y Titus Lucretius Carus. Rastros que se trazan. Vueltos hacia un mismo esquema. Trazan los amigos una misma tradición, por la memoria (mnéme) que es capaz de trascender la muerte (thánatos), tal como si sus experiencias fueran grabadas en una única y prolongada lámina de papiro. Cortes que se separan. Fragmentos de una misma planta, el pápyros. Pueden volver a unirse o colectarse.
Tal como la nuclear madera de un tronco, la materia, base del denominado “materialismo”, hace de él una doctrina de trazos circunscritos. En el centro de ella, un esquema. Conducirse por él es volverse “epicúreo”.
Volúmenes, tanto del maestro como de sus discípulos. Trazos como anillos de una misma corteza de árbol. Los anillos son vínculos concéntricos, vestigios del afecto y la investigación. Los dogmas datan de distintas épocas, tal como esos anillos que atiende el estudio de la dendrocronología. Sin embargo, hay un solo centro en el déndros, arcaico árbol en común, una diacrónica philosophía, la cual es única.
Epíkouros apunta al centro de su filosofía, cuando, en GV LII, exhorta a celebrar (hegeíresthai) una experiencia compartida: cada cual, alegremente, se involucra (perikhoreúei) en aquella congregación discipular (oikouméne). A eso es lo que llama philía.
La amistad, en el sentido de philía epicúrea: la acción por la cual se logra comunidad (koinonía) en la confianza (pístis) y que agradece (khaireî) a sus diversos componentes.
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La philía invita a quien filosofa a congregarse y conformar los propios usos al esquema del epítome (atajo) epicúreo.
Tal epítome recoge los pensamientos principales (tôn kyriotáton). Estos mismos producen serenidad (galenismòn poioûntai). Quienes concordes son a ellos, según la expresión del maestro, viven entre bienes inmortales (zôn en athanátois agathoîs).
Infundir confianza a los amigos es repasar juntos ese esquema, habituarse a él, instando a sobreponer la gratitud (kháris) a la muerte (thánatos).
Un saber que es guía (hegemonikós) para la philía. Tal es el sentido de la sophía.
Se cultiva la philosophía y corresponde ella a una sophía que se deriva de la philía, o sea, al cuidado de una memoria que se concentra en la naturaleza, a partir de diversas y reunidas experiencias.
La philía invita a quien filosofa a congregarse y conformar los propios usos al esquema del epítome (atajo) epicúreo.
Tal epítome recoge los pensamientos principales (tôn kyriotáton). Estos mismos producen serenidad (galenismòn poioûntai). Quienes concordes son a ellos, según la expresión del maestro, viven entre bienes inmortales (zôn en athanátois agathoîs).
Infundir confianza a los amigos es repasar juntos ese esquema, habituarse a él, instando a sobreponer la gratitud (kháris) a la muerte (thánatos).
Un saber que es guía (hegemonikós) para la philía. Tal es el sentido de la sophía.
Se cultiva la philosophía y corresponde ella a una sophía que se deriva de la philía, o sea, al cuidado de una memoria que se concentra en la naturaleza, a partir de diversas y reunidas experiencias.
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on 12 abril 2009
at 8:24
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