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Ya que se ha aludido a ese antecedente de Epíkouros, ¿qué rasgos conocemos de la ética de Demókritos? Conviene recalcar, de antemano, que por coherentes que sean entre sí las sentencias que se conservan del sabio de Ábdera, ellas no tienden a concebir la vida moral como prolongación de una compleja física que le asignaría sus principios generales[1]. Además, se ha destacado que la psicología de Demókritos era bastante más recelosa respecto a la sensación (aísthesis) que lo que será con posterioridad la de Epíkouros; también que la tranquilidad y el bienestar del alma no eran, para él, reductibles a la integridad y al placer del cuerpo. Por otra parte, los temas de la ausencia de turbación, de la limitación de los deseos, del rechazo de la superstición están ya presentes (si bien apenas implícitos), aunque corresponden más a la enseñanza de una experiencia ancestral que a la consecuencia de un análisis filosófico que define las condiciones de realización del placer. Dicho de modo sintético, su planteamiento quizás estaría más cercano, en su enfoque ético, a un dualismo alma-cuerpo que al monismo epicúreo[2]. Pero el carácter menos sistemático del pensamiento del abderita en lo que concierne a la moral no excluye sin embargo que la principal virtud sea la prudencia (phrónesis), condición de mantenimiento de nuestra euthymía, esto es, de nuestro buen humor; a fuerza de ejercicio, de análisis y de juicio, dirigidos siempre a obtener tranquilidad. Así pues, lo que determina el bienestar del hombre es cómo, a partir del intelecto, se configura estabilidad en medio de una naturaleza donde reina una necesidad dinámica y en cuyo desarrollo son excluidos tanto el azar como la finalidad[3]. Demókritos, en todo caso, no ignora que el hombre vive en sociedad y, para él, la consideración de la humanidad es sumamente digna de atención, por recordarnos nuestra común naturaleza[4]. El papel y el valor de la philía se comprenden, de hecho, bajo ese enfoque.
Demókritos observó el placer cuyo motivo es hacer el bien de manera desinteresada[5], pero observó sobre todo en las relaciones de trato con otro un posible medio de preservar su propia tranquilidad al darse un intercambio de servicios capaz de procurar mayor estabilidad. Dentro de este marco, sorprende cómo sigue siendo necesario entender por qué, para él, la relación amistosa es muy preferible a las relaciones familiares. En tal sentido, lejos de ver a estas últimas como lo hacía tradicionalmente el pensamiento antiguo[6], o sea, como una suerte de modelo; el abderita no encuentra palabras más duras para denunciar las inquietudes a las que dan lugar el vínculo conyugal y el que haya niños que criar[7]. En oposición a eso, una amistad elegida, aun si ella no supone en todo momento la igualdad en los servicios rendidos, procura un placer seguro, moderado, que no da lugar a decepciones. Ella, según describe el filósofo risueño, debe ante todo desafiar la fácil adulación[8], la afición a hablar mal[9] y la avaricia[10]. De esa manera, puede evitar la indisposición que experimentan quienes prosiguen en la miseria del aislamiento; frecuentando, en cambio, un firme regocijo compartido[11]. El sentido común del interés, la reflexión sobre las verdaderas ventajas del intercambio, el discernimiento de los auténticos motivos de placer y el recíproco contagio de buen humor, fueron directrices en las sentencias de Demókritos acerca de la amistad (philía).
[1] Para Demókritos, las cosas se producen por necesidad (anánke: Cf. D.L., IX, 45). Hay un cariz mecánico en la disposición, tanto de los astros, como del ánimo (lo que restringe el alcance de lo ético). Reduce, en consecuencia, la impronta del deseo de placer –apetito que entraña variables reacciones para su satisfacción- y realza la afirmación de un bienestar (eustoì), cuya característica es la calma anímica, conforme al modelo de los átomos impasibles. Hay, por cierto, más ingerencia del páthos y de la hedoné en la doctrina de Epíkouros, mientras en los pensamientos de Demókritos se remarca: la intelección (diánoia), la colocación (thésis), la disposición (diáthesis) y el ánimo (thýmos), entre otros conceptos. Es recomendable, al respecto, la lectura de: Annas, Julia, “Democritus and Eudaimonism” in V. Caston and D. Gram. Eds., Presocratic Philosophy: Essays in honour of Alexander Mourelatos, 2002, London; Taylor, C., “The atomists” in A.A. Long, The Cambridge companion to early Greek Philosophy, Cambridge, 1999; Vlastos, “Ethics in physics in Democritus in Furley and Allen (eds.), Studies in Presocratic Philosophy, vol. 2: Eleatics and Pluralists, London, 1975, p. 386-394. Por supuesto, es fundamental cotejar estos textos con la versión de Diogenes Laertius, Lives of Eminent Philosophers, tr. R. D Hicks, Loeb Classical Library: Cambridge mass, book 9.
[2] Cf. C. Bailey, The Greek atomists and Epicurus, Oxford, 1928, New York, 1964, p. 186-195.
[3] Cf. Ploutárkhos (Πλούταρχος), Strom., 7: prokatékhesthai teî anánkeî panth’ haplôs tà gegonóta kaì eónta kaì esómena (Absolutamente todos los acontecimientos del pasado, presente, y futuro, son predeterminados por la necesidad). Cf. Bailey, op. cit., p. 120-3.
[4] Cf. Diels, H. und Kranz, W., Die Fragmente der Vorsokratiker, Berlin, 1951. En especial: Demókritos, 65: zên ouk áxios hótoi medè eîs esti khrestòs phílos. No vale la pena vivir para quien no tiene al menos un amigo de bien; Demókritos, 74: áxion anthrópous óntas ep’ anthrópon aymphoraîs mè gelân all’ alophýresthai. Siendo humano, es indigno reír de las desdichas humanas; es necesario lamentarlas
[5] Ibid., 96 (Dem. 62) y 103 (Dem. 69).
[6] Su pensamiento, al respecto, es distinto incluso a lo que hizo Aristotéles, quien recomendó una reducción de los vínculos políticos en aras de un fundamento más natural.
[7] Ibid., 273 a propósito de la mujer, y 275 sobre los niños.
[8] Ibid., 97.
[9] Ibid., 109.
[10] Ibid., 94 (Demókritos, 60): mikraì khárites en kairoî mégistai toîs lambánousi. Los pequeños beneficios en el momento oportuno son grandes a los ojos de los que los reciben.
[11] Ibid., 186: homophrosýne philíen poieî (la disposición anímica compartida produce amistad) (Estobeo, II, 33, 9). La homophrosýne, de la cual nos habla la sentencia no es muy diferente de la homónoia (concebible como común entendimiento), de la que Aristóteles precisa el sentido en un plano más intelectual (Cf. Klonoski, R., “Homonoia in Aristotle's Ethics and Politics”, en History of Political Thought, Volume 17, Number 3, 1996, pp. 313-325(13). Cf. Plutárkhos, Moralia. 511. b.8, en que se vincula la concordia (homónoia) con la abstención de tener hijos, y Estobeo, II, 33, 15, en que se alude al alcance de la homónoia como un acuerdo con otro y consigo mismo.
Ya que se ha aludido a ese antecedente de Epíkouros, ¿qué rasgos conocemos de la ética de Demókritos? Conviene recalcar, de antemano, que por coherentes que sean entre sí las sentencias que se conservan del sabio de Ábdera, ellas no tienden a concebir la vida moral como prolongación de una compleja física que le asignaría sus principios generales[1]. Además, se ha destacado que la psicología de Demókritos era bastante más recelosa respecto a la sensación (aísthesis) que lo que será con posterioridad la de Epíkouros; también que la tranquilidad y el bienestar del alma no eran, para él, reductibles a la integridad y al placer del cuerpo. Por otra parte, los temas de la ausencia de turbación, de la limitación de los deseos, del rechazo de la superstición están ya presentes (si bien apenas implícitos), aunque corresponden más a la enseñanza de una experiencia ancestral que a la consecuencia de un análisis filosófico que define las condiciones de realización del placer. Dicho de modo sintético, su planteamiento quizás estaría más cercano, en su enfoque ético, a un dualismo alma-cuerpo que al monismo epicúreo[2]. Pero el carácter menos sistemático del pensamiento del abderita en lo que concierne a la moral no excluye sin embargo que la principal virtud sea la prudencia (phrónesis), condición de mantenimiento de nuestra euthymía, esto es, de nuestro buen humor; a fuerza de ejercicio, de análisis y de juicio, dirigidos siempre a obtener tranquilidad. Así pues, lo que determina el bienestar del hombre es cómo, a partir del intelecto, se configura estabilidad en medio de una naturaleza donde reina una necesidad dinámica y en cuyo desarrollo son excluidos tanto el azar como la finalidad[3]. Demókritos, en todo caso, no ignora que el hombre vive en sociedad y, para él, la consideración de la humanidad es sumamente digna de atención, por recordarnos nuestra común naturaleza[4]. El papel y el valor de la philía se comprenden, de hecho, bajo ese enfoque.
Demókritos observó el placer cuyo motivo es hacer el bien de manera desinteresada[5], pero observó sobre todo en las relaciones de trato con otro un posible medio de preservar su propia tranquilidad al darse un intercambio de servicios capaz de procurar mayor estabilidad. Dentro de este marco, sorprende cómo sigue siendo necesario entender por qué, para él, la relación amistosa es muy preferible a las relaciones familiares. En tal sentido, lejos de ver a estas últimas como lo hacía tradicionalmente el pensamiento antiguo[6], o sea, como una suerte de modelo; el abderita no encuentra palabras más duras para denunciar las inquietudes a las que dan lugar el vínculo conyugal y el que haya niños que criar[7]. En oposición a eso, una amistad elegida, aun si ella no supone en todo momento la igualdad en los servicios rendidos, procura un placer seguro, moderado, que no da lugar a decepciones. Ella, según describe el filósofo risueño, debe ante todo desafiar la fácil adulación[8], la afición a hablar mal[9] y la avaricia[10]. De esa manera, puede evitar la indisposición que experimentan quienes prosiguen en la miseria del aislamiento; frecuentando, en cambio, un firme regocijo compartido[11]. El sentido común del interés, la reflexión sobre las verdaderas ventajas del intercambio, el discernimiento de los auténticos motivos de placer y el recíproco contagio de buen humor, fueron directrices en las sentencias de Demókritos acerca de la amistad (philía).
[1] Para Demókritos, las cosas se producen por necesidad (anánke: Cf. D.L., IX, 45). Hay un cariz mecánico en la disposición, tanto de los astros, como del ánimo (lo que restringe el alcance de lo ético). Reduce, en consecuencia, la impronta del deseo de placer –apetito que entraña variables reacciones para su satisfacción- y realza la afirmación de un bienestar (eustoì), cuya característica es la calma anímica, conforme al modelo de los átomos impasibles. Hay, por cierto, más ingerencia del páthos y de la hedoné en la doctrina de Epíkouros, mientras en los pensamientos de Demókritos se remarca: la intelección (diánoia), la colocación (thésis), la disposición (diáthesis) y el ánimo (thýmos), entre otros conceptos. Es recomendable, al respecto, la lectura de: Annas, Julia, “Democritus and Eudaimonism” in V. Caston and D. Gram. Eds., Presocratic Philosophy: Essays in honour of Alexander Mourelatos, 2002, London; Taylor, C., “The atomists” in A.A. Long, The Cambridge companion to early Greek Philosophy, Cambridge, 1999; Vlastos, “Ethics in physics in Democritus in Furley and Allen (eds.), Studies in Presocratic Philosophy, vol. 2: Eleatics and Pluralists, London, 1975, p. 386-394. Por supuesto, es fundamental cotejar estos textos con la versión de Diogenes Laertius, Lives of Eminent Philosophers, tr. R. D Hicks, Loeb Classical Library: Cambridge mass, book 9.
[2] Cf. C. Bailey, The Greek atomists and Epicurus, Oxford, 1928, New York, 1964, p. 186-195.
[3] Cf. Ploutárkhos (Πλούταρχος), Strom., 7: prokatékhesthai teî anánkeî panth’ haplôs tà gegonóta kaì eónta kaì esómena (Absolutamente todos los acontecimientos del pasado, presente, y futuro, son predeterminados por la necesidad). Cf. Bailey, op. cit., p. 120-3.
[4] Cf. Diels, H. und Kranz, W., Die Fragmente der Vorsokratiker, Berlin, 1951. En especial: Demókritos, 65: zên ouk áxios hótoi medè eîs esti khrestòs phílos. No vale la pena vivir para quien no tiene al menos un amigo de bien; Demókritos, 74: áxion anthrópous óntas ep’ anthrópon aymphoraîs mè gelân all’ alophýresthai. Siendo humano, es indigno reír de las desdichas humanas; es necesario lamentarlas
[5] Ibid., 96 (Dem. 62) y 103 (Dem. 69).
[6] Su pensamiento, al respecto, es distinto incluso a lo que hizo Aristotéles, quien recomendó una reducción de los vínculos políticos en aras de un fundamento más natural.
[7] Ibid., 273 a propósito de la mujer, y 275 sobre los niños.
[8] Ibid., 97.
[9] Ibid., 109.
[10] Ibid., 94 (Demókritos, 60): mikraì khárites en kairoî mégistai toîs lambánousi. Los pequeños beneficios en el momento oportuno son grandes a los ojos de los que los reciben.
[11] Ibid., 186: homophrosýne philíen poieî (la disposición anímica compartida produce amistad) (Estobeo, II, 33, 9). La homophrosýne, de la cual nos habla la sentencia no es muy diferente de la homónoia (concebible como común entendimiento), de la que Aristóteles precisa el sentido en un plano más intelectual (Cf. Klonoski, R., “Homonoia in Aristotle's Ethics and Politics”, en History of Political Thought, Volume 17, Number 3, 1996, pp. 313-325(13). Cf. Plutárkhos, Moralia. 511. b.8, en que se vincula la concordia (homónoia) con la abstención de tener hijos, y Estobeo, II, 33, 15, en que se alude al alcance de la homónoia como un acuerdo con otro y consigo mismo.
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on 29 marzo 2009
at 12:46
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