***
RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LA PHILÍA EPICÚREA.
ANÁLISIS DE FRAGMENTOS SOBRE LA AMISTAD.
A continuación, con el propósito de exponer las cualidades fundamentales de la amistad, de acuerdo a la doctrina examinada, revisaremos algunos de los fragmentos conservados de la obra de Epíkouros. Se trata de textos que aluden directamente a la philía. Ellos pertenecen a las colecciones de Máximas Capitales (MC) -Kýriai Dóxai (KD)- y de Sentencias Vaticanas (SV) –Gnomologium Vaticanum (GV)-. También se presenta un extracto de D. L., X, 122-135 (la Carta a Menoîkeus)[1].
2.1. Máximas Capitales (MC) -Kýriai Dóxai (KD)-:
[2]MC 27 (KD XXVII):
De todo aquello que la sabiduría proporciona para la alegría de toda la vida, lo más grande, con mucho, es la adquisición de la amistad.[3]
La sabiduría (sophía), modelo perfecto de la operación filosófica, descubre gradualmente los límites y la gracia de la vida (enseña: la dadivosa autonomía, la utilidad del favor, la gratitud de la confianza: tres preciosas gracias de la amistad). Y es que no se trata de que la vida sea considerada totalmente feliz (Festugière), pues eso no es posible; ni que la felicidad acapare todo lo vivido (Arrighetti), como negando el dolor; sino que la vida misma, en su instantánea sensibilidad, constantemente amenazada, aspira a cumplirse, a reconstituirse en su integridad (de ahí que se aluda a hó hólos bíos[4]), a consumarse dentro de sus límites. Así, la aliviadora restauración de su presente es, por sí misma, plenitud (makariótetes). El disfrute inmediato, que la continua operación felicífera de la filosofía procura (paraskeuázetai) es otro aspecto de la grata alegría por la obtención de la amistad (philías ktêsis).
[1]Las ediciones y traducciones que se han empleado para el cotejo son las siguientes: Hermann Usener, Epicurea, Leipzig, 1887 (Roma, 1963; Stuttgart, 1966); Ettore Bignone, Epicuro, Opere frammenti testimonianze (trad.), Bari, 1920; Otto Apelt, Diogenes Laertius: Leben und Meinungen berühmter Philosophen (trad.), 2 vol., Leipzig, 1921 (Berlin, 1955); Peter Von der Müehl, Epicuri Epistulae tres et ratae sententiae, BT, Leipzig, 1922 (reimpresión, Stuttgart, 1966); R. D. Hicks, Diogenes Laertius (texto griego y traducción), Loeb Cl. L., Londres y New York, 1925; Cyril Bailey, Epicurus, The extant remains (text, trad. and comm.), Oxford, 1926; Maurice Solovine, Épicure, Doctrines et Maximes, Paris, 1940 (reimpr. 1965); Carlo Diano, Epicuri Ethica, Florence, 1946; A.J. Festugière, Épicure et ses dieux, Paris, 1946 ; Olof Gigon, Epikur, Von der Überwindung der Furcht, Zürich, 1949 (2 ed., 1968); Graziano Arrighetti, Epicuro, Opere, Florence, 1960; Marcello Gigante, Diogene Laerzio, Vite dei Filosofi, Bari, 1962. Se ha seguido, en especial, las traducciones aparecidas en Bollack, J.: La pensée du plaisir: Epicure: Textes moraux, commentaires, Paris, 1975; Bollack, J. y M. y Wismann, H.: La lettre d’ Epicuro, Paris, 1971, y Oyarzún, P.: Carta a Meneceo (con noticia, traducción y notas) en Revista Onomazein, vol.4 de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 1999.
[2] Seguiremos a continuación el orden numérico de las Máximas. Tomando eso en cuenta, si bien el primer fragmento que alude directamente a la philía es la MC 27 (KD XXVII), hay antes tres sentencias que presentan estrecha relación con nuestro tema. Se trata de las MC 14, MC 17, MC 21. La MC 14 (KD XIV) señala: “Si bien la seguridad entre los hombres se deriva en cierta medida del poder instituido y de la riqueza, la seguridad más pura nace de la calma y del retiro respecto de la multitud”. Así pues, se remarca que la seguridad (aspháleia) tiene diversas fuentes. Ya hemos mencionado que la amistad va a ser considerada por Epíkouros como “la perfección de la seguridad” en la MC 28 (KD XXVIII). El punto que deseamos destacar es que la seguridad puede ser más o menos pura (eilikrinés), según las consecuencias a que da lugar. En efecto, la pureza estaría en relación a la medida de turbación (tarakhé), daño (blábe) y lucha (agón) que lleva aparejada la obtención de seguridad. La seguridad que reportan el poder y la riqueza sería menos pura, pues tales medios imponen una constante lucha entre los hombres para conquistar o mantener las respectivas ventajas (siempre en comparación con los demás). Por lo mismo, el sabio epicúreo debe tomar distancia de la multitud (lo que incluye de vez en cuando volver a la ciudad para cumplir los ritos sociales que son necesarios). De esa manera, no se trata de recluirse en un aislarse definitivamente como una especie de eremita, sino de retirarse, aunque guardando las costumbres y los usos de la comunidad a que pertenece en todo aquello que es indispensable para no debilitar sus condiciones de vida. El distanciamiento epicúreo incluirá la convivencia con los amigos, y su fin es conseguir las condiciones básicas para una apacible vida de comunidad. En suma, la calma (hesykhía) y el refugio que es producto del retiro (ekkhoréseos) son los frutos de un uso plácido de la comunidad.
Por otra parte, otra condición para reducir la turbación (fuente de la inquietud anímica y la confusión mental) es el trato justo (díkaion) en relación a los diversos hombres que conforman el entorno. El pacto de “no dañar ni ser dañado” (me bláptein medè bláptesthai), norma fundamental de la justicia epicúrea, es la base de cualquier confianza en la sociedad. Por esto, para la doctrina, la justicia (la que no sólo alcanza a los amigos, sino ante toda sociedad humana) es el cimiento en que es posible consolidar la amistad. Entonces, hay ciertamente una ligazón directa entre lo justo y la perturbación. Es lo que pone de relieve la MC 17 (KD XVII): “El hombre justo es el más imperturbable, mientras el injusto está colmado de la mayor turbación”. La injusticia, de hecho, tendría por motivo un abuso, una prototípica falta de adaptación, lo que equivale a una incoherencia en lo relativo al implícito pacto comunitario (radicaría en una ruptura ante la factibilidad de los vínculos con otros átomos sociales). Ella, por consiguiente, conllevaría la ingerencia del temor (phóbos), y su recurrencia tendría lugar como fantástica representación (phantastiké epibolé) de la amenaza a la propia tranquilidad, quizás a causa de insuficiencia de contención de las pasiones. Cabe recordar que, para Epíkouros, tanto la justicia como la amistad deben su notable importancia a sus efectos psicológicos en el individuo. Así pues, el hombre que es sabio (sophós), en cuanto experto en sensatez (phrónesis), por su práctica como amigo (phílos) y hombre justo (díkaios), es realmente el modelo de la máxima tranquilidad, esto es, el más imperturbable (hò ataraktótatos). Finalmente, la MC 21 (KD XXI) confirma la idea anteriormente expuesta, al indicar: “El hombre que discierne los límites propios de la vida sabe que es expedito procurarse lo que elimina el dolor debido a una carencia y lo que hace que sea plena la totalidad de la vida; por esto, para nada requiere alguna cosa que conlleve lucha”. Justamente, entre los amigos, cada cual recuerda a su compañero “lo que hace cumplida (o perfecta: pantelé) la vida entera”. En tal sentido, sería la amistad (cf. el empleo de la fórmula ho hólos bíos en MC 27 (KD XXVII), referida, precisamente, a dicho vínculo) lo que corresponde a una práctica de filosofar en compañía, impidiéndose mutuamente la confusión frente a los propios deseos. La sentencia, pues, sostiene una especial característica de la amistad: los amigos se protegen de lo vano y se disponen colectiva y diligentemente en pos de la satisfacción de las necesidades. En consecuencia, la philía se realiza por la reciprocidad de una sana promoción de los deseos pertinentes.
[3] Son la investigación de la physiología, el trato justo entre los hombres, la actividad continua de la philosophía (como cultivo de la sabiduría –sophía-) y la convivencia en amistad (philía), los aspectos del cuidado epicúreo que permiten lograr el bien “ventajosamente más grande” (polý mégiston). La “alegría de toda la vida” (tèn toû hólou bíou makarióteta) implica esencialmente la seguridad —la emancipación respecto del temor y de la gravitación esclavizadora de la vana opinión—: ésta alcanza su plenitud en el medio de la amistad y sus usos recíprocos.
[4] Ho hólos bíos es una expresión cuyo sentido Epíkouros extrae de otra parte (cf. MC 21).
ANÁLISIS DE FRAGMENTOS SOBRE LA AMISTAD.
A continuación, con el propósito de exponer las cualidades fundamentales de la amistad, de acuerdo a la doctrina examinada, revisaremos algunos de los fragmentos conservados de la obra de Epíkouros. Se trata de textos que aluden directamente a la philía. Ellos pertenecen a las colecciones de Máximas Capitales (MC) -Kýriai Dóxai (KD)- y de Sentencias Vaticanas (SV) –Gnomologium Vaticanum (GV)-. También se presenta un extracto de D. L., X, 122-135 (la Carta a Menoîkeus)[1].
2.1. Máximas Capitales (MC) -Kýriai Dóxai (KD)-:
[2]MC 27 (KD XXVII):
De todo aquello que la sabiduría proporciona para la alegría de toda la vida, lo más grande, con mucho, es la adquisición de la amistad.[3]
La sabiduría (sophía), modelo perfecto de la operación filosófica, descubre gradualmente los límites y la gracia de la vida (enseña: la dadivosa autonomía, la utilidad del favor, la gratitud de la confianza: tres preciosas gracias de la amistad). Y es que no se trata de que la vida sea considerada totalmente feliz (Festugière), pues eso no es posible; ni que la felicidad acapare todo lo vivido (Arrighetti), como negando el dolor; sino que la vida misma, en su instantánea sensibilidad, constantemente amenazada, aspira a cumplirse, a reconstituirse en su integridad (de ahí que se aluda a hó hólos bíos[4]), a consumarse dentro de sus límites. Así, la aliviadora restauración de su presente es, por sí misma, plenitud (makariótetes). El disfrute inmediato, que la continua operación felicífera de la filosofía procura (paraskeuázetai) es otro aspecto de la grata alegría por la obtención de la amistad (philías ktêsis).
[1]Las ediciones y traducciones que se han empleado para el cotejo son las siguientes: Hermann Usener, Epicurea, Leipzig, 1887 (Roma, 1963; Stuttgart, 1966); Ettore Bignone, Epicuro, Opere frammenti testimonianze (trad.), Bari, 1920; Otto Apelt, Diogenes Laertius: Leben und Meinungen berühmter Philosophen (trad.), 2 vol., Leipzig, 1921 (Berlin, 1955); Peter Von der Müehl, Epicuri Epistulae tres et ratae sententiae, BT, Leipzig, 1922 (reimpresión, Stuttgart, 1966); R. D. Hicks, Diogenes Laertius (texto griego y traducción), Loeb Cl. L., Londres y New York, 1925; Cyril Bailey, Epicurus, The extant remains (text, trad. and comm.), Oxford, 1926; Maurice Solovine, Épicure, Doctrines et Maximes, Paris, 1940 (reimpr. 1965); Carlo Diano, Epicuri Ethica, Florence, 1946; A.J. Festugière, Épicure et ses dieux, Paris, 1946 ; Olof Gigon, Epikur, Von der Überwindung der Furcht, Zürich, 1949 (2 ed., 1968); Graziano Arrighetti, Epicuro, Opere, Florence, 1960; Marcello Gigante, Diogene Laerzio, Vite dei Filosofi, Bari, 1962. Se ha seguido, en especial, las traducciones aparecidas en Bollack, J.: La pensée du plaisir: Epicure: Textes moraux, commentaires, Paris, 1975; Bollack, J. y M. y Wismann, H.: La lettre d’ Epicuro, Paris, 1971, y Oyarzún, P.: Carta a Meneceo (con noticia, traducción y notas) en Revista Onomazein, vol.4 de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 1999.
[2] Seguiremos a continuación el orden numérico de las Máximas. Tomando eso en cuenta, si bien el primer fragmento que alude directamente a la philía es la MC 27 (KD XXVII), hay antes tres sentencias que presentan estrecha relación con nuestro tema. Se trata de las MC 14, MC 17, MC 21. La MC 14 (KD XIV) señala: “Si bien la seguridad entre los hombres se deriva en cierta medida del poder instituido y de la riqueza, la seguridad más pura nace de la calma y del retiro respecto de la multitud”. Así pues, se remarca que la seguridad (aspháleia) tiene diversas fuentes. Ya hemos mencionado que la amistad va a ser considerada por Epíkouros como “la perfección de la seguridad” en la MC 28 (KD XXVIII). El punto que deseamos destacar es que la seguridad puede ser más o menos pura (eilikrinés), según las consecuencias a que da lugar. En efecto, la pureza estaría en relación a la medida de turbación (tarakhé), daño (blábe) y lucha (agón) que lleva aparejada la obtención de seguridad. La seguridad que reportan el poder y la riqueza sería menos pura, pues tales medios imponen una constante lucha entre los hombres para conquistar o mantener las respectivas ventajas (siempre en comparación con los demás). Por lo mismo, el sabio epicúreo debe tomar distancia de la multitud (lo que incluye de vez en cuando volver a la ciudad para cumplir los ritos sociales que son necesarios). De esa manera, no se trata de recluirse en un aislarse definitivamente como una especie de eremita, sino de retirarse, aunque guardando las costumbres y los usos de la comunidad a que pertenece en todo aquello que es indispensable para no debilitar sus condiciones de vida. El distanciamiento epicúreo incluirá la convivencia con los amigos, y su fin es conseguir las condiciones básicas para una apacible vida de comunidad. En suma, la calma (hesykhía) y el refugio que es producto del retiro (ekkhoréseos) son los frutos de un uso plácido de la comunidad.
Por otra parte, otra condición para reducir la turbación (fuente de la inquietud anímica y la confusión mental) es el trato justo (díkaion) en relación a los diversos hombres que conforman el entorno. El pacto de “no dañar ni ser dañado” (me bláptein medè bláptesthai), norma fundamental de la justicia epicúrea, es la base de cualquier confianza en la sociedad. Por esto, para la doctrina, la justicia (la que no sólo alcanza a los amigos, sino ante toda sociedad humana) es el cimiento en que es posible consolidar la amistad. Entonces, hay ciertamente una ligazón directa entre lo justo y la perturbación. Es lo que pone de relieve la MC 17 (KD XVII): “El hombre justo es el más imperturbable, mientras el injusto está colmado de la mayor turbación”. La injusticia, de hecho, tendría por motivo un abuso, una prototípica falta de adaptación, lo que equivale a una incoherencia en lo relativo al implícito pacto comunitario (radicaría en una ruptura ante la factibilidad de los vínculos con otros átomos sociales). Ella, por consiguiente, conllevaría la ingerencia del temor (phóbos), y su recurrencia tendría lugar como fantástica representación (phantastiké epibolé) de la amenaza a la propia tranquilidad, quizás a causa de insuficiencia de contención de las pasiones. Cabe recordar que, para Epíkouros, tanto la justicia como la amistad deben su notable importancia a sus efectos psicológicos en el individuo. Así pues, el hombre que es sabio (sophós), en cuanto experto en sensatez (phrónesis), por su práctica como amigo (phílos) y hombre justo (díkaios), es realmente el modelo de la máxima tranquilidad, esto es, el más imperturbable (hò ataraktótatos). Finalmente, la MC 21 (KD XXI) confirma la idea anteriormente expuesta, al indicar: “El hombre que discierne los límites propios de la vida sabe que es expedito procurarse lo que elimina el dolor debido a una carencia y lo que hace que sea plena la totalidad de la vida; por esto, para nada requiere alguna cosa que conlleve lucha”. Justamente, entre los amigos, cada cual recuerda a su compañero “lo que hace cumplida (o perfecta: pantelé) la vida entera”. En tal sentido, sería la amistad (cf. el empleo de la fórmula ho hólos bíos en MC 27 (KD XXVII), referida, precisamente, a dicho vínculo) lo que corresponde a una práctica de filosofar en compañía, impidiéndose mutuamente la confusión frente a los propios deseos. La sentencia, pues, sostiene una especial característica de la amistad: los amigos se protegen de lo vano y se disponen colectiva y diligentemente en pos de la satisfacción de las necesidades. En consecuencia, la philía se realiza por la reciprocidad de una sana promoción de los deseos pertinentes.
[3] Son la investigación de la physiología, el trato justo entre los hombres, la actividad continua de la philosophía (como cultivo de la sabiduría –sophía-) y la convivencia en amistad (philía), los aspectos del cuidado epicúreo que permiten lograr el bien “ventajosamente más grande” (polý mégiston). La “alegría de toda la vida” (tèn toû hólou bíou makarióteta) implica esencialmente la seguridad —la emancipación respecto del temor y de la gravitación esclavizadora de la vana opinión—: ésta alcanza su plenitud en el medio de la amistad y sus usos recíprocos.
[4] Ho hólos bíos es una expresión cuyo sentido Epíkouros extrae de otra parte (cf. MC 21).
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on 30 marzo 2009
at 18:15
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