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En oposición a las opiniones de muchos (sobre todo en el abatimiento, la desgracia o el pesimismo), Epíkouros ofrece la semblanza del hombre sabio (sophós), que nunca asocia el mal (tò kakón) ni a la vida ni a la muerte (en especial, a la agregación de átomos en el nacimiento y a la desagregación que hay en la muerte).
En la mayoría, el motivo de lamento estaría dado por la relación a la sensibilidad y al tiempo (ansiedad del futuro y rechazo de lo breve resultan síntomas) [eso se liga a: rechazo de lo nuevo y cansancio de lo que ha sucedido].
La clave de la tranquilidad estaría en el modo en que se afirma la sensibilidad (finita) y el tiempo (más o menos sensible, cuantioso, rico –según se preserve lo que se disfruta y lo que no muere-). Quien practica la prudencia (phrónesis) no mide el tiempo –cuantitativamente- por su extensión (más o menos años y días), sino –cualitativamente- por la riqueza en la memoria: de hecho, disfruta no de lo extenso (abstracto), sino de lo placentero (rico -sensiblemente-).
Comentario: abundante reflexión, discernimiento, recuerdo y gratitud: eso es economía de las experiencias, o sea, cuidado del placer (hedoné): algo que prácticamente enriquece la propia biografía.
Comentario: Toca mantener el placer (hedoné) en la memoria (mnéme) –desde el pasado, hacia el futuro- (celebrando logros, disfrutando, reescribiendo la experiencia). Si no, se es ingrato. De ahí que sea necio quien distingue entre una edad para vivir bien y otra edad para morir bien. Tonto es quien recomienda disfrutar la juventud mientras se tenga (como posesión), y, en cambio, en la vejez (que sería expoliación de juventud), simplemente evadir el pesar y la muerte. El presente es pleno a lo largo de toda la vida.
Por otro lado, hay que rechazar la asociación entre placer y descontrol, entre hedonismo y prisa; el prudente epicúreo en nada se asemeja al fantasma del apresurado gozador de la juventud (quejumbroso y nostálgico en su vejez, renuente a la madurez y afecto al infantilismo –como un narcisista en quien ha pasado el tiempo, pero sin madurez-).
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Epíkouros:
Un saber de la muerte:
D. L., X, 124-5:
El recto conocimiento de que nada es la muerte para nosotros hace dichosa la condición mortal de la vida, no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad.
Epíkouros:
Un saber de la muerte:
D. L., X, 124-5:
El recto conocimiento de que nada es la muerte para nosotros hace dichosa la condición mortal de la vida, no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad.
Marcel Conche recoge: hóthen gnôsis orthè toû methèn einaî pròs hemâs tòn thánaton apolaustòn poieî tò tês zoês thnetón ouk ápeiron prostitheîsa khrónon allà tòn tês athanasías apheloméne póthon.
R. D. Hicks recoge: hóthen gnôsis orthè toû methèn einaî pròs hemâs tòn thánaton apolaustòn poieî tò tês zoês thnetón ouk ápeiron prostitheîsa khrónon allà tòn tês athanasías apheloméne póthon.
Dice: …porque elimina el ansia (o=la pasión) de inmortalidad.
Comentario: ¿en qué consiste el “recto conocimiento” de la nada de la muerte? ¿Cómo se alcanza, en este caso, la rectitud del conocimiento?
Otra pregunta: ¿por qué se pasa aquí de “nada es la muerte” a “la vida posee una dichosa condición de mortal”?
No obstante ser finita o mortal, mientras hay un criterio para calificar de buena o mala, el sensible, no hay lugar para la insensibilidad total o el dolor perdurable, tampoco para la carencia sostenida o el hambre perenne.
Vivir es estar en vías a la satisfacción, al placer.
Nuevo interrogante: ¿cómo es que el conocer filosófica o rectamente que “la muerte es nada” elimina el ansia de inmortalidad (por ende, el miedo de morir)?
Reverso complementario: ¿qué consecuencia traería agregar una duración sin límite a la vida? Paso a recordar en relación a la vida orgánica infinita lo escrito por Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver (Tercera parte, X) sobre los “struldbrugs” o inmortales, habitantes de Luggnagg).
Nota: el objetivo no es la infinitud de la vida (orgánica), sino la plenitud en la vida finita (acompañada de la persistente conmemoración de los bienes que merecen la inmortalidad).
Datos de un comentario:
La palabra griega para “finito” es: peratoeidés.
Las palabras griegas para “mortal”: thnetoeidés, thnetós, brotós.
Las palabras griegas para “mortalidad”: thnetotés, thnêsis.
Las palabras griegas para “perecer”: thneísko, apothneîsko, katathneîsko, teleutáo.
La palabra griega para “inmortal”: athánatos.
La palabra griega para “inmortalidad”: athanasía.
Nota: el objetivo no es la infinitud de la vida (orgánica), sino la plenitud en la vida finita (acompañada de la persistente conmemoración de los bienes que merecen la inmortalidad).
Datos de un comentario:
La palabra griega para “finito” es: peratoeidés.
Las palabras griegas para “mortal”: thnetoeidés, thnetós, brotós.
Las palabras griegas para “mortalidad”: thnetotés, thnêsis.
Las palabras griegas para “perecer”: thneísko, apothneîsko, katathneîsko, teleutáo.
La palabra griega para “inmortal”: athánatos.
La palabra griega para “inmortalidad”: athanasía.
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Una cuestión central (para la cual hay que concentrarse): ¿Qué significa que: “en nada (outhèn) se parece a unmortal (éoike zóoi thnetoî)”? (o que no deja algún lugar para el placer perecedero).
¿Dejar de sucumbir a imágenes pasajeras? (¿o acaso se preserva trascendente como en esa disposición a la que tiende el zen por la meditación?).
Una cuestión central (para la cual hay que concentrarse): ¿Qué significa que: “en nada (outhèn) se parece a un
¿Dejar de sucumbir a imágenes pasajeras? (¿o acaso se preserva trascendente como en esa disposición a la que tiende el zen por la meditación?).
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on 27 marzo 2009
at 6:57
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