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El tono de la sabiduría según Epíkouros:
Del texto: FILOSOFÍA Y SERENIDAD EN LA DOCTRINA EPICÚREA.
Introducción.
Hay un chiste que pone en evidencia una notable paradoja.
Hay dos mujeres bastante estiradas cenando en una hostal de pueblo. Una le dice a la otra: -“¡uy, has visto qué cosa… la comida es tan mala acá!- -Sí- dice la otra-, “¡…y además sirven tan poco!”.
Pues bien, así más o menos nos la pasamos, lamentándonos de la vida porque dura poco… y porque hay tanto dolor en ella.
Quiero comenzar por el aprecio de la vida:
Desarrollo.
Hay una antigua leyenda que fue muy influyente entre los griegos. Esta leyenda cuenta que Silenós (en español se le ha llamado: “el Sileno”), el preceptor de Dioniso a quien se atribuía gran sabiduría, fue un día capturado por el rey de los helenos, quien –movido por el deseo de aprender de ese sabio- lo obligó a responder a la siguiente pregunta: ¿qué es lo mejor para el hombre?
El sátiro Sileno, lleno de desprecio por sus captores, insistió en que para cada hombre lo mejor sería nunca nacer, y, en el caso de haber nacido, morir cuanto antes sea posible.
El filósofo Epíkouros, nacido tres siglos antes del Cristo, conoció esa antigua leyenda, recogida literariamente y difundida por el poeta Teognis de Mégara.
Epíkouros, ese filósofo tantas veces malentendido y muchas veces descalificado desarrolló ampliamente una doctrina, cuya dulzura sus contemporáneos compararon con el sonido suave del mítico canto de las sirenas (o sea, se describió como algo que provocaba arrobo, encanto y éxtasis). En sus escritos, se recogieron las palabras de Teognis y el pesimismo del Sileno, de tal manera que toda la doctrina de Epíkouros puede presentarse hoy como la más lúcida manera de oponerse a ese pesimismo. Todo el epicureísmo sostiene, en efecto, que la vida es originariamente agradable, satisfactoria, sencilla y siempre susceptible de alivio.
“Necio e inconsecuente es –para Epíkouros- quien afirma que lo peor es vivir, cuando en sus manos está siempre la posibilidad de dar término a la vida”.
Ahora bien, si se trata de una afirmación dicha en plan de broma, se trataría justamente de lo único que nunca admite ser tomado a la ligera: nuestro apego a la realidad de la vida, de acuerdo con nuestra propia constitución natural, es decir, como seres humanos. Para reír de la vida, al menos nos es necesario conservarnos con vida. Porque vivir es, de hecho, la fuente de todos los placeres. Más allá de la vida, en la muerte, no habría dolor, aunque tampoco nos es posible algún placer. Tal es la tesis fundamental del epicureísmo al respecto.
Sentimos –dolor o placer- mientras estamos vivos.
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on 26 marzo 2009
at 6:21
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