Reducir a nada.
Eso es lo que haría el dios de los supersticiosos. Lo que podría hacer.
Reducir a nada. Eso es lo que no es posible a la naturaleza. El límite se opone. Hay un límite natural: los elementos primeros.
Contra la reducción a la nada, a la muerte entendida como expoliación hasta la nada, contra la nada sensible de la memoria que sería vivir en el olvido total. Contra eso, Lucretius y la doctrina firme, recta, de los naturalistas epicúreos.
Un poema opuesto a la reducción, a la nada: This compost de Whitman.
Crear de la nada.
Crearlo todo: de un "chirlo a los átomos" o a partir de un motor extrínseco o de "la voluntad de dios". A eso se opone la tesis de las semillas, los elementos primeros, las partículas irreductibles y eternas, los átomoi.
Opuesto a eso, el acontecimiento mínimo y suficiente para dar lugar al contingente agregado de cuerpos, a la espontánea composición de realidad, a la phýsis o natura que se manifiesta por sí misma, autónomamente, previa a toda regularidad, ley o necesidad. El clinamen es el supuesto que basta para resistir a la creatio ex nihilo.
Contra la nada, el naturalismo.
Hay lo eterno, el infinito rebrote de la naturaleza.
(Aparece en los primeros versos del RN, en la "invocación a Venus", el reverdecer de la naturaleza fértil).
De eso todo cuerpo participa.
Los hombres pensamos en lo eterno, al volvernos a la sabiduría atenta a la naturaleza y a la amistad que venera en la memoria a quienes somos agradecidos por afecto irreductible.
La philosophía (philía y sophía) implica vivir en vistas a lo eterno, no dejar lugar preeminente a lo que simplemente es accesorio y vano.
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on 07 abril 2009
at 8:07
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